Microrrelatos del certamen "Dinosturelato" organizado por Dinópolis este otoño 2012.

Nos volvimos locos unas semanas, los primos de Lérida (Pili y Paco) y nosotros (Mayte y yo), mandando un relato cada semana hasta conseguir ganar nuestras entradas a Dinópolis. Fueron días de frenesí literario con remuneración en especie. Hay que ver lo que discurre el cerebro por una entrada para ver dinosaurios...

Aquí os dejo los dos relatos míos que ganaron y otros que no ganaron, aunque tal vez, lo merecieron (sobretodo el número 4).

 

MICRORRELATOS GANADORES:

 

1:

Correr era nuestra única salvación, decía mamá. Pero dejamos de correr. La espesura de la jungla ocultaba el camino y el barro engullía nuestras pisadas, impidiéndonos la huida. Además, mamá se podía equivocar ¿no? La gran bola de fuego no parecía mala, ¡era tan hermosa! Dina y yo la miramos hechizados y mamá nos cubrió con su cuerpo en el último segundo. Después, un silencio absoluto dio paso a la más grande de las explosiones y el mundo que conocíamos, desapareció para siempre.  

 

2:

Siempre habíamos soñado con este momento, pero nunca nos habríamos imaginado que llegase realmente. Tras sólo dos meses de investigación, el profesor Mendieta –famoso por sus descubrimientos sobre la capacidad comunicativa entre dinosaurios- consiguió clonar a un estegosaurio. Hasta la fecha, el animal no ha aclarado nada nuevo sobre sus hábitos vitales ya que, al parecer, no habla español. El tiranosaurio de Dinópolis se niega a efectuar la traducción ya que dice no tratarse jamás con herbívoros, sino es para comer.

 

MICRO RELATOS QUE NO GANARON:

3:

Todo estaba oscuro, tan sólo al fondo una niebla servía de contraste para los cansados ojos del velociraptor que guardaba el sueño del resto de la manada. De la bruma surgieron tres siluetas avanzando hacia él. El cazador estaba sorprendido; normalmente los animales huían, sin embargo, esos seres (bípedos como él, pero sin plumas), iban directos a su territorio. ¿Estarían locos? ¿Querían ser devorados? Ni lo uno ni lo otro: eran empleados de Dinópolis del año 2050, probando la nueva atracción “Máquina del Tiempo”. 

 

4:

Teníamos miedo, pero al mismo tiempo estábamos preparados para vivir al límite. Cascos de fibra de carbono, espinilleras de titanio, hombreras de fútbol americano…. Todo era poco, amigos. Se trataba de un partido de fútbol. Un partido de fútbol contra el equipo Dinópolis F.C. En la portería, un tricerátops; por las bandas, dos velociraptores; el centro del campo plagado de aragosaurios y como delantero centro: el famoso tiranosaurio argentino con el nueve en la espalda, de fácil regate y aspecto imponente.

 

5:

Teníamos miedo, pero al mismo tiempo estábamos preparados para vivir la más maravillosa aventura de nuestra vida. Diréis: “¡qué fuerte, tío, pero qué fuerte!”, pues sí, sólo teníamos 9 años y muchas ganas de pasarlo bien. Las atracciones fueron excitantes y la comida, el sueño de cualquier niño: hamburguesas, patatas fritas, helado... Aprendimos mucho de la evolución, vimos fósiles y los papás se portaron bastante bien (apenas tuvimos que reñirles). Cuando sueño vuelvo a Dinópolis: mi parque favorito.   

 

6:

Siempre habíamos soñado con este momento, pero nunca nos habríamos imaginado tener tanta suerte. El coche averiado, calor, sed, el móvil sin batería… y diréis ¿dónde está la suerte? Pues estaba allí, detrás de un pino. Asomó su cabecita, con sus plumas y todo. Era un velociraptor. Le dimos mucha pena. “Unos animales tan feos, sin pelo ni plumaje, bajo este sol de justicia”, pensó. Llamó a sus amiguitos y nos remolcaron hasta DINÓPOLIS, donde llamamos a la grúa, no sin antes montarnos en todas las atracciones.